Economía de Comunión
Experiencias de las empresas
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POLICLINICA AGAPE
Ayudar a nacer y a morir

De la primera intuición a los desarrollos imprevisibles

En la historia de la "policlínica" Ágape, empresa conectada al Polo industrial Spartaco, cerca de la ciudadela Araceli, en San Pablo – Brasil, nacida en el 93 por iniciativa de Paula, una joven graduada en Medicina, hace eco a la parábola de los talentos: "Señor, me has dado cinco talentos, aquí están otros cinco que he ganado". Queriendo sumarse al proyecto propuesto por Chiara Lubich, Paula había puesto a disposición todo lo que poseía: dos mil dólares, para poder iniciar, con otros profesionales del sector, un ambulatorio.
Se empezó con un consultorio ginecológico y otro odontológico, usando aparatos de segunda mano, con pocos clientes, y valiéndose únicamente de una justa intuición. Los números, hoy día, dan testimonio de la validez de la intuición: el fichero cuenta actualmente con 8.000 pacientes, con un promedio de 650 consultas mensuales.
Allí trabajan 23 especialistas, algunos por medio tiempo: Clínica y Cirugía General, Pediatría, Ginecología y Obstetricia, Cardiología, Geriatría, Odontología, y otras doce especialidades. Para el sector de diagnóstico está funcionando un laboratorio de análisis clínico y patológico, uno para ultrasonido, encefalograma, electrocardiograma, cistoscopia y colposcopia. Se ha abierto un departamento de Fisioterapia, Fonoaudiología y una Farmacia Homeopática. En este último año la actividad de la policlínica comprende también los exámenes, -clínico y patológico-, para la emisión de licencias.
La Policlínica Agape es una empresa totalmente injertada en la realidad del municipio de Vargem Paulista, participando en su desarrollo y es considerada como un punto de referencia en el campo de la salud.
Un importante objetivo alcanzado ha sido la definición de ocho convenios con otras tantas empresas y compañías de seguros. El último contacto, para la definición de otro contrato, confirma la imagen positiva de la policlínica en el ámbito municipal. Desde hacía tres años la Policlínica trataba de hacer un convenio con una renombrada compañía de seguros, ya que en Vargem Grande muchas personas tenían este seguro. La respuesta era siempre negativa. En el intento de nuevos contactos, antes de la fecha prevista para presentar una nueva solicitud, la gerente de Ágape recibió una llamada telefónica y fue invitada a hacer este convenio. Parecía increíble, pero en efecto, para hacer parte del cuadro de empresas contratados por esa compañía, la Policlínica tenía que recibir el consenso de la población. Esto es un claro signo de la Providencia de Dios, pero seguramente también es fruto del trabajo realizado.
El ámbito de actividad del Poliambulatorio también abarca el campo de la investigación científica: la Universidad Federal de San Pablo, en colaboración con el Departamento Sanitario del Municipio de Vargem Grande, en el que tiene su sede, ha promovido una investigación sobre la incidencia de la Hepatitis en la comunidad local, a petición del Ministerio de Sanidad. El Poliambulatorio fue invitado a formar parte del equipo de investigación y de planificación, y se le confió la realización de los exámenes de diagnóstico relativos al proyecto. Después de un mes de trabajo, sus técnicos fueron invitados a participar en el equipo de investigación y en los grupos de estudio, programación y en los seminarios científicos.

Contra corriente en favor de la vida

El actual éxito de la iniciativa parecería ser una afortunada combinación de profesionalismo y de oportunidades de trabajo. Ciertamente estos elementos no faltan y no pueden faltar en la conducción de una empresa. Pero también en la Policlínica Ágape, como en otras empresas que se adhieren a la Economía de Comunión, es evidente la intervención de la Providencia. "La Providencia –dice Darlene Bomfim, Directora de Ágape- es un factor económico que se injerta en la administración de la empresa".
Anteriormente, en la ciudad de Vargem Grande –de treinta mil habitantes- no existían ambulatorios de Ginecología privados, a pesar de la alta tasa de natalidad.
La Policlínica Ágape, al instituir este servicio, se puso en contacto con muchos médicos, para verificar, junto a la capacidad profesional, su adhesión a una ética que evita los métodos anticonceptivos y la praxis de la esterilización. Así ninguno aceptaba, pensando que un consultorio ginecológico basado en este tipo de elecciones no habría podido tener ningún éxito. La Dirección de la Policlínica –dada la situación- prefirió renunciar a abrir este servicio y a los puestos de trabajo que habría asegurado, hasta que no fuera posible realizarlo con este tipo de acuerdos. Pero, a partir de ese momento, muchos empezaron a rezar para que se encontrara un ginecólogo apto: "Dios no hace las cosas incompletas" se decían.
Transcurridos dos años, durante un encuentro de presentación de la Economía de Comunión en una ciudad de Paraná, Terezinha Negrao Lopes, ginecóloga, junto a su marido, quien también habría dejado su trabajo anterior, decidió trasladarse con sus 6 hijos a la ciudadela Araceli para trabajar en la Policlínica. No era una decisión fácil, es más, le parecía que tenía el timbre de un verdadero llamado de Dios. Desde el primer día de trabajo hasta hoy, nunca han faltado las pacientes y –manteniendo la coherencia con los principios- han sido salvadas muchas vidas y se han reunido muchas parejas en dificultad. Son numerosas también las experiencias positivas, en particular, en lo que se refiere a la renuncia al aborto y a las prácticas de la esterilización.

Ayudar a morir

Un objetivo une a los médicos de Ágape: ayudar a nacer y a morir.
Un día se presenta en la Policlínica un médico con una paciente de cuarenta años, esposa de un industrial, enferma de cáncer en fase terminal, en tratamiento en uno de los mejores hospitales de San Pablo. La Directora de Ágape, Darlene Bonfim, le hace presente que la Policlínica no cuenta con los requisitos necesarios para seguir un caso similar, pero el médico insiste: "Lo que necesita esta persona, sólo ustedes se lo pueden dar". Desde ese momento Darlene asume el cuidado de ella, acompañándola con dedicación y amor, en silencio, sin poder hablarle nunca de Dios, contra quien se había rebelado debido a la enfermedad.
La enferma se agrava y Darlene va a atenderla a su domicilio. Una noche se queda con ella más de lo acostumbrado. Regresando a casa, hacia las 11, suena el teléfono, es el marido de la señora que le comunica que ha muerto. Después de un mes, más o menos, Darlene recibe una llamada telefónica del médico que le había llevado a esa paciente, un patólogo, propietario de un gran laboratorio y de un famoso hospital de San Pablo. Quiere conocerla, y durante el encuentro le pregunta qué puede hacer por ella. Darlene le contesta que estaría contenta de conocer su experiencia profesional. Emocionado y sorprendido el patólogo le promete que la complacerá, diciendo: "¡Nunca nadie me ha pedido esto!". Se ofrece para hacer en su laboratorio, a mitad de precio, los exámenes que la Policlínica Ágape no está en capacidad de realizar. Después dice que todo el importe recibido de Ágape por los análisis hechos, habría sido depositado en el banco, y la ganancia serviría para el desarrollo del laboratorio de Ágape.
De este modo, se han adquirido computadoras y nuevos aparatos que permiten realizar exámenes más sofisticados, mientras que –siempre gracias a ese médico- una empresa especializada ha instalado en la Policlínica un programa de software que permite ahorrar mucho tiempo.
Últimamente, ese médico le confiaba a Darlene que la estima y la confianza que ha puesto en Ágape, se basan en la conciencia de cómo se considera a los pacientes: "¡quien trata así a los pacientes tiene futuro!".


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