El
Proyecto
 En el '91, en un viaje a
Araceli, la ciudadela brasileña del Movimiento, atravesando la ciudad de San Pablo,
Chiara Lubich se había quedado impresionada al ver personalmente, al lado de una de las
mayores concentracio- nes de rascacielos del mundo, grandes extensiones de
"favelas", en las que sabía que vivían también personas que adherían
Movimiento.
Constataba que la
comunión de bienes practicada hasta entonces en el Movimiento no era suficiente. Sintió
la urgencia de proveer comida, un techo, atención médica y posiblemente un trabajo, al
menos para aquellos brasileños tan cercanos a ella.
Al llegar a Araceli, y teniendo en el alma la encíclica de Juan Pablo II Centesimus
Annus, que acababa de ser publicada, Chiara propuso la "Economía de Comunión en la
libertad": Invitaba a los doscientos mil miembros del Movimiento en Brasil a hacer
nacer (...somos pobres, pero muchos...) al lado de la ciudadela, actividades productivas
capaces de producir beneficios y nuevos puestos de trabajo a sus habitantes,
confiándoselo en especial a los más competentes entre ellos.
Chiara proponía, a
quien se convirtiera en socio de estas empresas, destinar cada año, libremente, un tercio
de las ganancias para su propio desarrollo y - una vez pagados los impuestos- devolver los
beneficios restantes en favor de los indigentes más próximos y para financiar la
formación de aquellos hombres que creen en los valores más universales y auténticos.
Las
empresas

Los empresarios que
adhieren a la Economía de Comunión, en el contexto de la más amplia cultura del dar,
demuestran con su trabajo la posibilidad, incluso en la economía de mercado, una forma de
actuar alternativa al egoísmo racional, propia de la teoría económica.Muchos adhirieron
convirtiéndose en empresarios y afrontando las dificultades de la puesta en marcha de
nuevas actividades productivas.
En la Economía de Comunión, las ganancias compartidas deben ser
producidas respetando las leyes, los derechos de los trabajadores, de los consumidores, de
las empresas de la competencia, de la comunidad y del ambiente. Un objetivo que no es
fácil de realizar allí donde parece que no existieran relaciones entre la Ética y la
Economía.
Las empresas de la Economía de Comunión lo logran gracias a la
cultura del dar y a la tensión hacia la unidad por parte de sus empresarios y
trabajadores, que hacen posible la creación de relaciones interpersonales particularmente
positivas, ya sea dentro de la empresa como con sus interlocutores.
La capacidad de hacer propias las exigencias del prójimo produce una
calidad de trabajo particularmente apreciada e induce a una extensa creatividad y por
consiguiente a una notable capacidad de idear sistemas y tipos de producción.
La Economía de Comunión ha involucrado a estudiantes universitarios
en varias partes del mundo, que le han dedicado sus tesis de graduación. A fines del
97 ya habían sido presentadas treinta y dos tesis de graduación y muchas otras
están en preparación.
La Economía de Comunión también ha suscitado, en estos años, la
atención de muchos estudiosos, que, en universidades europeas, latinoamericanas y
australianas, organizan congresos para darla a conocer y ahondar en su evolución.
Desarrollo de las empresas
En los primeros años nacieron, en América Latina y en Europa, junto a
pequeñas actividades productivas, varias empresas: algunas están situadas en las áreas
productivas de las ciudadelas del Movimiento; otras, debido a su ubicación, están
orientadas a compartir las ganancias con los indigentes y a promover, junto a ellos, la
cultura del dar.
A fines del 98 se contaban más de 654
empresas y 91 actividades productivas.
Geográficamente, hay más de 200 empresas en América Latina y 300 en Europa, de las
cuales 150 están en Italia, 50 en Alemania y algunas en el Este de Europa. Las empresas
restantes están situadas en buena parte en América del Norte y en las Filipinas; algunas
trabajan en otras naciones de Asia, en África y en Australia.
Por lo general, son empresas de una dimensión mediana o pequeña, con
facturaciones no superiores a los 20 millones de dólares, pero a menudo con una gran
fuerza laboral, teniendo en cuenta que el modo mejor de ayudar a los indigentes consiste
en darles una ocupación productiva. En Italia, en Sestri Levante, por ejemplo, una
pequeña empresa de tres artesanos se transformó en pocos años en un conjunto de
cooperativas que da trabajo a 260 personas.
En algunas zonas europeas y de América Latina las empresas que
adhieren a la Economía de Comunión están conectadas entre ellas y publican catálogos
ilustrativos comunes.
En Alemania, por iniciativa de veintitrés empresarios de Solingen,
nació la Solidar Capital, una sociedad financiera dedicada al desarrollo de empresas de
Economía de Comunión en los países del Este y de otras partes del mundo que requieren
un desarrollo económico.
Mariapolis
Ginetta:
ciudadela piloto
Al lado de la
Mariapolis Ginetta (ex Araceli), en San Pablo, Brasil, está naciendo un área productiva denominada
Polo Industrial "Spartaco".
El complejo del Polo, en un área de 50.000m2, es administrado por
la sociedad de accionistas ESPRI, con más de 2 mil socios, en su mayoría brasileños.
La sociedad ha urbanizado el área y provee las estructuras necesarias a
las empresas, que a fines del 98 eran 5:
LA
TÚNICA: empresa de confección de ropa;
ROTOGINE:
producción de grandes manufacturados de plástico;
ECO-AR:
producción de detergentes industriales y para hospitales;
PRODIET
UNIBEN
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